Cualquiera que sea el impedimento que uno tenga, no existen más límites que los que uno mismo se impone. Claro que con una disminución física todo es más difícil, pero no imposible.
Por ejemplo, uno puede tirarse en paracaídas desde un avión, y experimentar el natural subidón de adrenalina, aunque tenga que acompañar la silla de ruedas. Se dice que tras la proeza, la satisfacción que se siente, roza los límites de lo excitable. En ciertos aspectos de la vida, el “querer es poder” es posible, con lo cual propondría que palabrejas tan feas como “minusválido” o “discapacitado” desaparecieran ya de una vez por todas de nuestro vocabulario, y que se juzgara a la gente por lo que es y por sus méritos propios.
